envío urgente

Septiembre 16, 2008

Jueves, 9.37 horas. Autobús de línea. Me siento al lado de una mujer que habla por su teléfono móvil.

-…de mi mesa, en la segunda balda empezando por arriba, donde están los archivadores. En uno pone “pendientes”, ¿lo ves? Sí, ve hasta mi mesa… ¿Ya? Vale, te plantas justo delante de la estantería y si miras un poco hacia arriba, en la segunda balda… sí, la segunda empezando por arriba, sí… a la derecha, ¿ves los archivadores? ¿Sí? Vale, pues coge el que pone “pendientes”. Yo creo que el contrato que hay que enviar es de abril… me suena. Mira ese mes… o finales de marzo. No, no es complicado porque están ordenados por fecha y cada mes en un separador. De todos modos, a mí me quedan dos paradas… sí, sí, míralo si quieres… en ese archivador que tienes, seguro. ¿Yo? Pues poco, menos de cinco minutos… si ya te digo que faltan dos paradas, bueno, ahora sólo una… vale, pues déjalo y lo miro cuando llegue…

Sin dejar de hablar, la mujer se levanta y sale de la fila por delante de mí, pulsa el botón de solicitud de parada y se planta frente a la puerta del autobús.

-Hala, ya estoy en la puerta. Ahora nos vemos arriba… Sí, hasta ahora, hasta ahora.

Por la ventanilla la veo cerrar el teléfono aunque no lo guarda. Entra en un edificio de oficinas junto a la parada y la pierdo de vista. Ahora la imagino detrás de su mesa, plantada frente a la estantería, acercando su mano a la derecha de la segunda balda y cogiendo el archivador de pendientes. Pasa los separadores hasta abril, o quizá hasta marzo, y manda el contrato por fax con 5 minutos de retraso.

zapatos nuevos

Septiembre 8, 2008

Ocho centímetros. Nunca antes Lucía había subido tan alto ni se había sentido más femenina. ¡Aquellos zapatos le hacían unas piernas tan bonitas!

-¿Cómo le van?

-Me gustan mucho -sonrió al dependiente.

-Son estupendos y muy cómodos. Están también en marrón y negro, por si se los quiere probar.

-No, no, me gusta este color… ¡me encanta el rojo!

-Muy bien… Si me los da…

-Me los llevo puestos -y Lucía le entregó sus viejos mocasines sin darle tiempo a responder- ¿puede tirarlos?

-¿Cómo?

-Si puede tirar usted estos viejos zapatos. Por favor.

El vendedor asintió con una sonrisa asomando en la comisura de sus labios. Dejó los mocasines bajo el mostrador y le cobró los zapatos rojos, justo cuando una pareja entraba en la tienda.

-Luis, mira éstos – dijo la chica.

Lucía no pudo evitar un amago de giro hacia la voz pero se controló antes de responder. Su mirada se cruzó con la de la chica, quien la miró extrañada. Al momento, volvió a dirigirse a su novio, sandalias en mano. Lucía sonrió para sí misma y se prometió que era la última vez que respondía a aquel nombre. 33 años habían sido suficientes.

josé maría guelbenzu

Septiembre 6, 2008

hoy la tarde de trabajo es larga gracias a la selección que juega a las 22 horas, y mucha faena no hay, así que tengo tiempo de navegar por otros blogs. hoy estoy mirando los que tienen etiqueta de “libros” porque llevo unos días en que no acierto con lo que empiezo a leer.

acabo de encontrar la página de josé maría guelbenzu, autor al que tengo especial cariño. “Un peso en el mundo” (Alfaguara, 1999) fue uno de esos libros por los que se apuesta a ciegas y resultó un gran descubrimiento. ;-)

Dejo el enlace a su página porque igual algún otro de sus libros también puede atrapar.