una vieja postal

Enero 26, 2009

Miguel firmó la prejubilación hace unos meses pero continúa yendo a la universidad cada día. Ha hecho de la biblioteca su despacho y de sala de reuniones utiliza la cafetería. Allí le visitan antiguos alumnos y compañeros mientras él revisa una fórmula de cálculo que empezó en su doctorado.

Una tarde, a última hora, está apurando una cerveza en el bar y la chica de la barra le invita a marcharse. En la mesa contigua, una estudiante teclea absorta en su portátil. El pelo muy corto y un pañuelo de seda alrededor del cuello. La camarera repite “señorita” varias veces pero ella no reacciona hasta que le golpea suavemente en el hombro. La joven sonríe azorada y se disculpa. El profesor también sonríe, sorprendido por su concentración.

Unos días después, al llegar a la biblioteca encuentra ocupado el lugar en que suele sentarse. Sobre la mesa, una nota escrita a mano y un pañuelo de seda. Se sienta en el casillero de la derecha y espera, intrigado, a ver quién llega. Dos horas después aún no ha aparecido nadie. Se excusa a sí mismo diciendo que es la hora del café y, ya que pasa, mira de reojo la nota. Letra menuda y picuda, como la suya, sello y matasellos: una postal vieja. Acerca la mano lentamente al tiempo que mira alrededor, y da la vuelta a la postal: la biblioteca de Alejandría. Recuerda un viaje de estudios, casi 30 años atrás y amaga una sonrisa, aunque deja el gesto a medias. Él había enviado una postal como aquélla…

Vence el pudor que le produce leer un texto que no se dirige a él y gira la tarjeta: “Biblioteca de Alejandría, 1 de abril de 1971″. Sus labios forman un “oh” mudo… Al final del texto, una firma conocida: Miguel, y una simple línea bajo el nombre.

El perdedor

Enero 17, 2009

Si hoy no volviera a salir el sol

Si el cielo dejara de ser azul

Si a este vaso aún le quedara un trago

Yo seguiría siendo el mismo

El mismo retrato de dolor y llanto

Que juega a esconder las heridas

Cuando me acuerdo de ti.

 

Si fueras la primera

Te diría que te fueras

Pero cuando los huesos empiezan a doler

Y las arrugas juegan con tu piel

Despertar sólo es una condena

No te mentiré

A mis espaldas sólo he dejado

Un reguero de soledad

Cuando estoy sereno me digo

Que soy incapaz de amar

 

Nena, aquí estoy con todo lo que soy

Despojado de mentiras o cuentos de hadas

Úsame hasta que te canses

Hasta que ya no quede nada de mí

Y después no mires atrás

 

Sabes, tuve una hija

Una hija a la que no veo

Me borré del mapa

Cuando era todo su mundo

Salí para no volver

Porque siempre quise volar

Y pensaba que cuatro paredes

Bien podían ser una cárcel

Ahora su odio, su ausencia

Es lo único que se enrosca en mis entrañas

Es lo único que las lágrimas

Ya no pueden arrastrar

 

Hace frío, lo sé

Me quedaré en la puerta cuando te vayas

Mirando lo que te lleves

Anhelando lo que podría tener

Aún es pronto,  espera un poco

La noche seguirá ahí fuera

Cuando te suplique una vez más

Es la última vez que divago

La última vez que reconozco

Que soy un perdedor

 

Nena, aquí estoy con todo lo que soy

Despojado de mentiras o cuentos de hadas

Úsame hasta que te canses

Hasta que ya no quede nada de mí

Y después no mires atrás