“nadie escribe un libro si está en paz consigo mismo”
Febrero 23, 2009
Me ha encantado esta entrevista a Siri Hustvedt que publicó el fin de semana pasado el magazine. El titular me ha dejado un poco preocupada… pero no deja de ser cierto: todos tenemos algo que nos remueve y también cosas que necesitamos contar, ocultar o reinventar.
No la conocía y no he leído nada suyo, aunque ahora me he quedado con ganas de hacerlo. Los títulos que aparecen en este artículo son: “Elegía para un americano” (Anagrama, 2009) y “Todo cuanto amé”, que publicó hace unos años. Buscaré alguno y ya comentaré.
javier reverte en el palau
Febrero 6, 2009
en el taller de escritura de el país, una compañera comentó que hacen conferencias en el palau sobre literatura.
http://www.palaudevalencia.com/ciclos1.php?ID=33
la próxima es el día 10 de febrero, a las 20 horas, en la sala martín y soler.
conferencia “escribir, una forma de viajar”, de javier reverte.
gente desconocida a la que vemos llorar
Noviembre 13, 2008
el otro día en la ventana entrevistaron a espido freire, que acaba de publicar un libro de cuentos. me quedé con ganas de encontrar más cosas de ella y hoy he mirado su web. hay cosas muy interesantes y me he parado a leer alguna de las columnas que publica en adn.
copio la que sigue porque de esto ya hemos hablado tú y yo… te suena?
CORAZONES ROTOS, ESPIDO FREIRE (ADN 17/10/08)
El martes pasado una señora me llamó la atención en el tren. Con un suspiro, se volvió hacia mí. Le pregunté si algo le molestaba, y me dijo que así era. Que no podría continuar escuchándome hablar por el móvil las cuatro horas que duraba el viaje. Enrojecí de vergüenza, porque si bien era cierto que había enlazado cuatro llamadas seguidas, creía haber hablado sin molestar a nadie, sin grandes excesos. La señora, no obstante, tenía razón. Debí haberme asomado a las plataformas. Me disculpé y así lo hice.
Ocurre siempre, si una mira con atención: en las estaciones de trenes, en el momento en el que el autobús se aleja, en los aeropuertos (esos lugares de maletines y de separaciones), en los bares en los que alguien se aleja llorando y otro paga la cuenta sin mirar al camarero. Si se levanta la mirada de los aterradores periódicos que hablan de bolsas que caen y de límites siempre fluctuantes para los ahorros europeos, o se aparta el móvil de la oreja, se interrumpe el flujo de la voz familiar que pide explicaciones o requiere que nos abriguemos, que hará frío, o si se cierra el libro o el ipod, están ahí.
Es algo terrible si somos testigos, vergonzoso si nos ocurre. De pronto, de cara a la ventanilla, con un esfuerzo casi doloroso por no molestar, porque no se note, alguien llora. No nos han enseñado a reaccionar a las lágrimas de los desconocidos. Casi siempre son mujeres, o a veces, niños, adolescentes que viajan solos y que se asustan, o ancianos con muchos años, y con dolores.
Ocurre siempre; y hay una pequeña grieta en el corazón de quien observa. Si se rompe ese espacio, si se pronuncia una palabra amable, si se conocen las historias ajenas, se diluye esa tristeza. Quienes son felices pueden, al menos, ofrecer ese consuelo en los momentos de pena. Pueden cargar sobre sus hombros parte del horror que atenaza a quienes no saben cómo lidiar con las emociones. Lo sabemos las que hemos llorado en aeropuertos, avergonzadas, quienes hemos agradecido un pañuelo o una pregunta. Quien sabe, da.
josé maría guelbenzu
Septiembre 6, 2008
hoy la tarde de trabajo es larga gracias a la selección que juega a las 22 horas, y mucha faena no hay, así que tengo tiempo de navegar por otros blogs. hoy estoy mirando los que tienen etiqueta de “libros” porque llevo unos días en que no acierto con lo que empiezo a leer.
acabo de encontrar la página de josé maría guelbenzu, autor al que tengo especial cariño. “Un peso en el mundo” (Alfaguara, 1999) fue uno de esos libros por los que se apuesta a ciegas y resultó un gran descubrimiento.
Dejo el enlace a su página porque igual algún otro de sus libros también puede atrapar.